Me gustaría comenzar esta breve conclusión teniendo en cuenta algunas preguntas que le hicieron al conferenciante en una entrevista reciente. La entrevista completa se encuentra en el enlace: http://www.caminocatolico.org/web
Pregunta: Dios vende solo…
Respuesta: Y es verdad. Lo que pasa es que hace falta difundir su mensaje. En marketing, un producto puede ser muy bueno, pero si nadie lo conoce…
(…)
P: Por cierto, ¿católicos publicitarios o publicitarios católicos?
R: Publicitarios católicos. Si el adjetivo pasara a ser sustantivo, perdería fuerza el matiz profesional, que es el que queremos subrayar.
(…)
P: Le enseña un anuncio a un publicitario no católico. ¿Qué le dice éste?
R: “¿Pero te lo van a dejar sacar?”
P: ¿Usted qué responde?
R: Que sí, que el mensaje lleva ahí dos mil años, que en Kolbe sólo le hemos dado forma.
(…)
P: ¿Y es bueno que el mensaje siga siendo el mismo, veintiún siglos después?
R: Si no lo fuera, ¡qué tragedia! La Iglesia perdería su razón de ser. Por eso no debe acomodarse a los poderes terrenales, casi siempre sometidos a dudosos intereses. Tiene que ser fiel a sí misma.
P: Eso la coloca en una situación difícil.
R: Y es bueno que así sea. La Iglesia tiene que ser incómoda, presentar batallas, levantar pasiones. No puede dejar indiferente.
(…)
P: La urgencia de hablar con Él, ¿la tuvo siempre?
R: De niño recibí una estricta educación religiosa que provocaba cierto temor (ya sabe, el ojo vigilante de Dios) Eso hizo que, por pura reacción, me alejara de la Iglesia.
P: ¿Qué le hizo volver?
R: Una crisis personal que me llevó a reflexionar sobre todo.
P: ¿A qué conclusión llegó?
R: A que la forma en que me fue transmitida la fe quizás no fue la correcta, como puede que tampoco lo fuera la forma en que yo la había entendido.

Que los malos actos de la Iglesia católica le están pasando factura -por lo menos en nuestro país- está quedando más que en evidencia. En todas las conferencias hemos podido ir viendo el escepticismo de muchos de nosotros a la hora de tratar abordar el hecho religioso (como ya dijese en relación a la primera conferencia, ese hecho tiene una base plural, espiritual, de misterio y de búsqueda). Como dice el propio Manolo Portabella en esa entrevista, la religión cristiana se ha explicado mal. Por si fuera poco, y afortunadamente, se ha perdido el miedo a hablar de la Iglesia y de sus errores del pasado y del presente. ¿Cómo esperan que se siga una fe si los supuestos modelos dan muestras de no ajustarse a los valores de los que hablan?
No es mi intención explayarme en los porqués de los prejuicios hacia la religión, cualquiera. Lo que aquí nos importa es que ese alejamiento nos distancia también de muchas enseñanzas éticas, de la vida buena. Esto a permitido que en el ámbito comunicativo se frivolice con muchos temas que son de vital importancia. Véase como ejemplo el caso del aborto. No es sólo el debate actual en el que se encuentran enzarzados muchos políticos y agrupaciones pro y contra el aborto. Lo grave es que una gran mayoría aceptamos como bueno un acto totalmente egoísta como es el aborto. Se aborta en muchos casos por el propio bien, esto es, por el futuro de muchas madres (aquí entrarían todas las adolescentes y/o estudiantes). A lo sumo, más que en un futuro propio, puede pensarse que los padres no están en condiciones ni económicas ni psicológicas para educar a un bebé. En realidad son justificaciones para no ver que estamos negando el derecho a la vida, que vemos ese embarazo como una carga (un obstáculo) para el desarrollo normal de nuestra vida, para conseguir nuestras metas. A esto se le llama deshumanización. Muchas veces deberíamos preguntarnos, ¿cómo puedo hablar de comprensión, tolerancia, amistad… si soy capaz de odiar algo que es tan mío como un hijo?
Tanto en el tema del aborto como en otros muchos se confunden varias cosas. Por no decir que, claro, siempre nos resulta más fácil hablar de una situación cuando no se está en ella, tanto a favor como en contra. “¿Se ha vuelto anacrónica la ética cristiana?”, se pregunta L. Rodríguez Duplá, a lo que responde Portabella que es posible hablar de esa doctrina con una mirada moderna como lo puede ser la publicitaria.
En cualquier medio de comunicación, así como en la sociedad, es necesario un cambio de chip. Se habla de que ahora hay más tolerancia cuando, en realidad, se están perpetuando los esquemas mentales que ya existían; aunque ahora con la religión y la Iglesia, a las que se rechaza. “En misa no te dicen nada malo”, dice mi abuela, que aun sin tener unos estudios de los que se jactan muchos, sabe jerarquizar valores, quizá mejor que muchos mensajes que nos llegan mostrando un grado de degradación moral del que normalmente no nos damos cuenta.
Lo que debería ser una breve reflexión se va alargando, ya que es difícil hablar de una cosa sin hilarla con otra, pensar en otras causas, en otros orígenes. Personalmente, creo que todo lo que acabo de decir no me hubiese sido tan fácil dentro de la propia facultad (donde supuestamente se puede decir lo que sea, mientras se argumente). Lo mejor de todo, es que creyente (etiqueta que se pone fácilmente) no lo soy en exceso. Aún así entiendo que hay que buscar, cotejar, comparar… en ocasiones cosas que nos chirrían, para ver de donde sale un comentario, por qué se piensan las cosas que se piensas… Si no, terminamos siendo la pescadilla que se muerde la cola, exculpándonos de la intolerancia cuando en realidad caemos en los errores de los que renegamos. Lo importante es lo qué se dice y no quién lo dice; si apartamos a ciertos grupos sociales por lo que piensan estamos restringiendo su libertad de expresión. Además que la jerarquía de la Iglesia (y otros miembros) haya abusado de su poder, esa responsabilidad de pagar las consecuencias de sus actos la cargan ellos. Nosotros, comunicadores, debemos continuar promocionando la democracia y no caer en juicios y prejuicios que, a fin de cuentas, no son nuestros menesteres.
[Conferencia celebrada el 12 de enero de 2010. Ponente: Manolo Portabella. director de Fundación Kolbe, publicistas católicos]