Los miedos del consumista

29 marzo 2010

Hablemos de columnas

Archivado en: Uncategorized — jsantanome @ 17:24

Quizá, de entre todos los productos periodísticos, los de género argumentativo (columnas, por ejemplo) son los que mejor permiten desarrollar la faceta más literaria al periodista, verter en el papel sus pensamientos -normalmente- de forma libre…

He aquí algunos intentos de columna periodística:

EL HIJO PRÓDIGO

Miguel Delibes era bien conocido, además de por lo obvio, por su amor al campo, a la naturaleza. Que no se perdiesen las raíces. Vivir del campo, por la necesidad básica que supone el alimento para el ser humano, no es la peor opción de vida de las posibles. El agricultor actual dista bastante de aquellos campesinos de hace décadas con manos encallecidas por las astillas del mango de la azada. La agricultura es un sector puesto al día en nuevas tecnologías, aunque en muchos campos extremeños todavía puedan verse a esos agricultores con look a la antigua. Pero si bien conocen la parábola, el hijo pródigo que huyese de su casa ensimismado por el dinero luego regresó con una lección aprendida que le valió el perdón de su padre. Esto es, la humildad, el valor y el respeto.

La situación que me resulta más cercana es la que está teniendo lugar en la comarca cacereña con el nombre “Valle del Alagón”. Una zona fértil en las riberas del río que da nombre a la propia comarca, en la que despuntan los cultivos de tabaco, tomate, pimiento y, en general, una importante variedad de productos hortofrutícolas. A lo largo de esta última década, la situación agro-ganadera de esta comarca podía calificarse como en declive acusado. Era la historia que se venía repitiendo desde los años cincuenta y sesenta en Extremadura: la huida del campo a la ciudad en busca de una mejor vida. Hace unos diez años, la situación presentaba un matiz particular; ahora, los varones no abandonaban el pueblo sino que pernoctaban en humildes pensiones madrileñas para regresar los fines de semana con sus familias. Este constante deambular de pueblo a ciudad les reportaba recompensas que merecían la pena. ¿A ellos o a las empresas constructoras, subcontratas, inmobiliarias…? El dinero entraba en sus cuentas a raudales mientras que el agricultor joven notaba como su cara y manos se iban curtiendo a base de horas y horas bajo el sol.

Es un hecho que gran parte de estos desempleados de la construcción dependen de los pocos ganapanes que decidieron, tal vez por cobardía, continuar con el único trabajo que sus padres le habían enseñado: trabajar en el campo. Algo muy común en tierras cacereñas. Y es penoso, entiendo, para aquellos que se jactaron de tener hinchadas sus carteras volver a ese campo del que huían. Paradojas de la vida. Aún más, aquellas esposas que, también, disfrutaban de la holgura de esa ilusoria bonanza económica con la que a todos nos engañó el monstruo de la construcción,  han salido en tropel a buscar un sueldo para complementar los ahora pequeños ingresos subsidiarios.

Los viejos de la zona afirman que ya lo advirtieron. Según su experiencia, no les resultaba lógico que en tan poco tiempo uno pudiera hacerse con tanto dinero. ¡Con lo que les había costado a ellos ahorrar!  El tiempo les ha dado la razón. Los economistas, menos conservadores y tradicionales que un anciano de pueblo, auguraron el estallido de la burbuja inmobiliaria en España. El anciano de pueblo veía algo raro pese a no saber explicarlo. Los economistas encontraron (¿pronto?) la debilidad de la economía española, la cual llegó a denominarse como próspera. Y llegó el día del reventón, y tras él, miles y miles de despidos de trabajadores de la construcción que provocaron –y provocan- cambios abismales en su situación no sólo económica sino también familiar. Y regresaron a casa, como el hijo pródigo, arrepentidos.

Ya van a cumplirse casi dos años desde que comenzase la vuelta masiva de varones, principalmente, que, cabizbajos,  regresaron con el despido y un subsidio por desempleo bajo el brazo. En centenares de pueblos extremeños (por poner un caso que conozco) les recibieron aquellos paisanos que por mucho tiempo habían lamentado la dureza de haber optado por trabajar en el campo. Hoy, el esfuerzo les ha sido recompensado. Se está dando la paradoja de tener como jornaleros a aquellos que, no mucho tiempo atrás, fanfarroneaban con los beneficios fruto, muchas veces, de las oscuras artes de la economía sumergida.

Advertisement

Dejar un comentario »

Aún no hay comentarios.

RSS feed para los comentarios de esta entrada. URI para TrackBack.

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Theme: Rubric. Blog de WordPress.com.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.