Las causas sociales están de moda entre las celebrities de todo el mundo. Por tendencia o convicción, artistas de todo tipo se adhieren a causas de distinta índole, desde la defensa de los animales hasta la lucha contra la violencia hacia las mujeres. Ahí tenemos a uno de los músicos más prolíficos del mundo, Paul McCartney, con un perfil que se adapta íntegramente al prototipo de celebrity “progre”: vegetariano, activista en defensa de los derechos de los animales y contra las minas antipersona, además de llevar a cabo actividades benéficas para extender la educación musical a todos los rincones del globo. McCartney es uno de los “veteranos del activismo”, una élite de privilegiados a la que también pertenece Jane Fonda. Muchos recuerdan aún a la bella y joven Fonda en manifestaciones por los derechos civiles o contra la guerra de Vietnam. Un activismo del que ha tomado parte, incluso, en la gran pantalla con filmes como El síndrome de China (1979) y por el que se convirtió en todo un modelo de persona reaccionaria. A día de hoy, la lista de famosos mundiales que participan en alguna causa social es interminable. Ejemplos conocidos son el de Emma Thompson como abanderada de la lucha de los derechos de la mujer; Angelina Jolie, que ha conseguido una plusvalía de fama desde su nombramiento como embajadora de buena voluntad del ACNUR estadounidense; o Sean Penn, que no dudó en enlodarse en Nueva Orleans para ayudar a los desahuciados por el huracán Katrina en el verano de 2005.
La pregunta que todavía flota en el aire, sin intención de menoscabar la voluntad solidaria de esas celebrities, es hasta qué punto ser “progre” es una moda o, por el contrario, un acto desinteresado de un actor o artista X. ¿Tiene la misma credibilidad Paris Hilton o Pamela Anderson que McCartney, Fonda o Jolie? La controvertida Paris Hilton, en sus deseos por participar en esta trama solidaria, se ha convertido en blanco de infinidad de críticas. Su visita a escuelas sudafricanas y la venta de su imagen para contribuir con los más necesitados ha pasado sin pena ni gloria, sin evitar que la vida de Paris haya dejado de ser polémica. Tampoco le ha valido de mucho a Pamela Anderson su apoyo a las campañas contra Kentucky Fried Chicken en las que se insta a todo el planeta a no comer la carne de pollo que se ofrece en este restaurante de comida rápida. Parece ser que hay ciertas celebrities que, por cualquier motivo, no triunfan en su intentona de ser “progre”. No hay nadie que se crea que no tienen un interés más allá de lo que la propia causa social implica. En el caso de los chicos y chicas, sobre todo los sex symbol (ahora es más difícil creer que alguien “explosivo” pueda llegar a interesarse por algo más que no sea su cuerpo), lo tienen complicado. Ya no son los tiempos de Jane Fonda. La propia Angelina Jolie ha necesitado mucho tiempo para demostrar la veracidad de su filantropía y solidaridad.
En cualquier caso, y en esta disyuntiva sobre la intención real del acto solidario, la constancia y tenacidad de esas celebrities que, sabiamente, utilizan su fama para contribuir con distintas causas sociales les hace merecedores de respeto y credibilidad. No significa que un personaje tenga que ser modélico en sus comportamientos, es el hecho de probar que esa implicación y lucha es diaria y reiterada lo que hace a una celebrity “progre” por convicción y no de tendencia. Es decir, simplemente se dedican a actuar como un individuo cualquiera que se preocupa por temas solidarios, con la ventaja de que en sus manos sí tienen los medios económicos para que la ayuda sea factible.